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Pánico en las calles de Londres por Laurie Penny

agosto 9, 2011

Estoy acurrucada en la sala de estar con algunos amigos en estado de shock por la guerra, viendo mi ciudad arder. La BBC va intercambiando secuencias de coches ardiendo y batallas callejeras a la carrera en Hackney, de caballos de la policía poniéndose en fila en Lewisham, de infiernos en ebullición que alguna vez fueron casas o tiendas en Croydon y en Peckham. La pasada noche, Enfield, Walthamstow, Brixton y Wood Green fueron saqueados; ha habido cientos de arrestos y docenas de heridos graves, y será un milagro si nadie muere esta noche. Esta es la tercera noche consecutiva de disturbios en Londres, y ahora el desorden se ha expandido a Leeds, Liverpool, Bristol y Birminghan. Políticos y policías que hace solo unas horas estaban haciendo declaraciones con gesto duro sobre la criminalidad, están ahora simplemente suplicando a la juventud de las principales ciudades que vuelvan a casa. Gran Bretaña es una caja de cerillas y el viernes, alguien prendió una de ellas. ¿Cómo diablos pasó esto? ¿Y qué vamos a hacer ahora?

En la confusión por comprender los disturbios, todos y cada uno de los reporteros han abierto sus reportajes con una condena ritual de la violencia, como si hubiese alguna duda de que los incendios, atracos y saqueos son malas ocurrencias. Todo eso debería ser obvio para todo aquel que está ahora mismo viendo Croydon arder en la BBC. David Lammy, diputado por Tottenham, calificó el desorden de “absurdo, absurdo”. Nick Clegg denunció que era “innecesario, violencia y robos oportunistas” Hablando desde su villa de vacaciones en la Toscana, el Primer Ministro David Cameron – quién finalmente ha decidido regresar a casa para ponerse al mando – simplemente declaró que los disturbios virales que están abrasando los barrios más pobres del país son “completamente inaceptables” La violencia en las calles está siendo desechada como “pura criminalidad”, como el trabajo de una “minoría violenta”, como “oportunismo”. Esto es descaradamente insuficiente. No es manera de hablar de de unos disturbios con carácter vírico. Gente joven enfadada con nada que hacer y poco que perder se están volviendo en contra de sus propias comunidades, y no pueden ser parados, y lo saben. Esta noche, en una de las mayores ciudades del mundo, la sociedad se está reventando a sí misma.

La violencia es pocas veces absurda. La política de un edificio en llamas, de una tienda destruida o de un hombre joven disparado por la policía puede permanecer oculta incluso para aquel que empezó el incendio o disparó la pistola, pero la política está ahí. Incuestionablemente hay mucho, mucho más detrás de estos disturbios que la muerte de Mark Duggan, cuyo tiroteo desató el descontento el sábado, cuando dos coches de policía fueron prendidos después de una vigilancia de cinco horas frente a la comisaría de Tottenham. Una protesta pacífica contra la muerte de un hombre a manos de la policía, en una comunidad donde a sus miembros se les han dado todo tipo de razones para desconfiar de las fuerzas de la ley y el orden, es una especie de declaración política. Asaltar tiendas para conseguir tecnología y deportivas que cuestan diez veces lo que el subsidio de desempleo que te acaban de quitar es otra. Una coordinada, vírica ola de disturbios alrededor de los barrios más pobres de Gran Bretaña, con gente joven viniendo de toda la capital y el país para enfrentarse con la policía, es otra más.

Meses de conjeturas seguirán a los disturbios. Ya en este momento Internet hierve con virulencia racista y especulaciones alocadas. La realidad es que muy poca gente sabe lo que de verdad está pasando. No lo saben, porque no estaban observando estas comunidades. Nadie ha mirado a Tottenham desde que las cámaras de televisión salieron de allí tras los disturbios de Broadwater Farm en 1985. La mayoría de la gente que estará escribiendo, hablando y pontificando sobre el caos este fin de semana no tiene la más mínima idea de lo que es crecer en una comunidad en la que no hay trabajo, no hay espacio para vivir o moverse, y la policía está en las calles parándote y cacheándote cuando vuelves a casa después de clase. La gente de estas comunidades despertará esta semana en la seguridad y la convicción de que después de décadas de ser ignorados, marginados y hostigados por la policía, después de meses viendo cualquier esperanza plausible de un futuro mejor siendo confiscada, está finalmente en las noticias. En un reportaje de la NBC, le preguntaron a un joven de Tottenham si los disturbios realmente perseguían algo:

“Sí”, dijo el joven, “Tú no estarías hablando conmigo si no causásemos disturbios. ¿Lo harías?”

“Hace dos meses marchamos hasta Scotland Yard, más de 2.000 de nosotros, todos negros, y fue pacífico y tranquilo. ¿Y sabes qué? Ni una palabra en la prensa. La pasada noche un poco de disturbios y saqueos y mira a tu alrededor”

Oteando entre los espectadores, miré alrededor. Una docena de equipos de televisión y reporteros de prensa entrevistando al joven desde todos los ángulos.

Hay comunidades por todo el país a las que nadie presta atención a no ser que haya disturbios o un asesinato. Bien, están prestando atención ahora.

Esta noche en Londres, el orden social y el imperio de la ley se han resquebrajado por completo. La ciudad ha sido paralizada; no es seguro salir a la calle y en Holloway, donde yo estoy, la violencia se está acercando. Mientras escribo, los saqueos e incendios se han esparcido en al menos cincuenta áreas de Gran Bretaña, incluyendo docenas en Londres, y las comunidades se están volviendo las unas en contra de las otras, con el Guardian hablando de bandas rivales formando líneas de batalla. La población joven sin derecho a voto en Inglaterra, quienes sienten que no tienen participación alguna en la sociedad ni nada que perder, ha tomado consciencia de que pueden hacer lo que les de la gana esta noche y la policía es completamente incapaz de detenerlos. Eso es de lo que van los disturbios.

Los disturbios son acerca del poder, y tienen que ver con la catarsis. No tienen que ver con la escasa educación impartida por los padres, o con los servicios juveniles siendo recortados, o con ninguna de las otras explicaciones fáciles que los expertos de los medios de comunicación han estado contándote: las desigualdades estructurales, como un amigo mío señaló hoy, no se resuelven con unas cuantas mesas de billar. La gente participa en disturbios porque les hacen sentir poderosos, aunque sea solo por una noche. La gente participa en disturbios porque llevan toda su vida escuchando que no valen para nada, y se dan cuenta de que juntos son capaces de cualquier cosa –literalmente, de cualquier cosa. Gente a la que nunca se le ha mostrado ningún respeto participa en disturbios porque sienten que tienen una pequeña razón para mostrarse respeto a si mismos, y eso se expande como el fuego en una calurosa noche de verano. Y ahora la gente ha perdido sus casas, y el país está destrozado.

Nadie esperaba esto. Los así llamados líderes que han tardado tres días en volver de sus vacaciones en el extranjero a un país en llamas no anticiparon esto. La gente que gobierna Gran Bretaña no tiene ni la más mínima de idea de cómo de desesperada se ha vuelto la situación. Pensaron que tras treinta años de ahondar en la desigualdad, en medio de una recesión, podrían llevarse las pocas cosas que aún ofrecían algo de esperanza a la población, los subsidios de desempleo, los trabajos, la posibilidad de una educación superior, las estructuras de apoyo a los desfavorecidos, y no pasaría nada. Estaban equivocados. Y ahora mi ciudad está ardiendo. Y seguirá haciéndolo hasta que dejemos de lado las condenas globales y las conjeturas ciegas e intentemos entender que ha traído está ola de disturbios virales a Gran Bretaña. Dejadme daros una pista: no es Twitter.

Ahora estoy atrapada en casa, con los disturbios ocurriendo justo al final de la calle en Chalk Farm. Ealing, Clapham y Dalston están siendo destrozados. Los periodistas están siendo asaltados y golpeados en las calles, y los policías antidisturbios están en retirada en aquellos lugares en los que se han presentado.

Las comisarías están siendo incendiadas a lo largo y ancho del país. Mañana por la mañana, cuando el humo empiece a desvanecerse, aquellos de nosotros que podamos dormir nos despertaremos en un país en estado de caos. Nos despertaremos con miedo, con racismo, con condenas desde la izquierda y la derecha, ninguna de las cuales evitará que esto pase de nuevo, mientras las posibilidades de un segundo crash en el mercado de valores se barruntan de manera aterradora al final de los telediarios. Ahora es el momento de posicionarnos. Ahora es el momento de decidir si nos lanzamos al odio o ponemos los prejuicios de lado y trabajamos juntos. Ahora es el momento de decidir en que tipo de país queremos vivir. Seguid el hashtag #riotcleanup en Twitter. Y cuidad los unos de los otros. 

Texto de Laurie Penny publicado originalmente el 09/08/11 en http://pennyred.blogspot.com bajo licencia Creative Commons.

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