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Flirteando con la muerte

julio 5, 2011

(Traducción del texto de Yorgos Avgeropoulos, “Flirting with death” publicado originalmente en www.exandasdocumentaries.com. Avgeropoulos es un periodista y director de documentales griego, por los que ha ganado 32 premios en festivales internacionales del género. Su serie de documentales Exandas ha ganado premios dentro y fuera de Grecia y actualmente está siendo emitida por la televisión pública griega. También ha sido corresponsal de guerra en los conflictos de Bosnia, Croacia, Kosovo, Irak, Afganistán y Palestina. Aquí os dejo un extracto del documental de la serie Exandas “El Experimento Argentino”, con subtítulos en inglés y todos los testimonios en castellano)

He cubierto conflictos entre policías y manifestantes en varios lugares alrededor del mundo fuera de Grecia como Argentina, Italia, Bolivia y México. Especialmente en México la policía, como muchos saben, está considerada como salvaje, desentrenada y corrupta. No obstante, lo que viví y grabé con mis compañeros ayer miércoles 29 de junio en Syntagma sobrepasa todos los límites de la brutalidad. La policía griega recibe de manera justa, y por un amplio margen, el premio a la barbarie. Una barbarie que no tiene relación con la represión a la que estamos habituados sino que fue un constante flirteo con la muerte.

Es un milagro que no tuviésemos que lamentar ninguna muerte. Y el señor Papoutsis [el Ministro griego de “Protección Ciudadana”] debería ponerle una vela al Dios en el que crea, ya que fue solo gracias a su buena suerte que hoy no tenga que estar pidiendo disculpas por una muerte.

El plan para limpiar la Plaza Syntagma durante los dos pasados días fue un ataque violento, una “embestida” como fue calificada por Ayman, un periodista español que trabaja para Al Jazeera. Una embestida hasta la muerte contra todos y cada uno. “¿Pero qué tipo de policía tenéis?” me preguntó indignado. “Sois miembros de la Unión Europea, al menos por ahora” me dijo con una significativa sonrisa.

Empecemos por el principio. A eso de las 13:30 hay mucha gente congregada frente al Parlamento. No son encapuchados. No están tirando piedras. Son ancianos, jóvenes, mujeres, hombres, estudiantes, trabajadores y desempleados que están gritando eslóganes, que están haciendo el gesto familiar de la mano al Parlamento, y los más “encendidos” estaban justo en frente—lo más que hicieron fue lanzar insultos y agitar las verjas que rodeaban el monumento al Soldado Desconocido. En otras palabras, nada importante que justificase lo que estaba por venir. De repente desde todos los lados, desde la derecha, desde la izquierda y desde el centro, un ataque general de las fuerzas policiales comenzó empujando a los manifestantes hacia las escaleras de la Plaza Syntagma. Imaginad miles de personas corriendo desesperadamente hacia una angosta salida de no más de 10 metros de ancho. Desde atrás la policía antidisturbios tiraba granadas de aturdimiento y luz a la gente, también gas lacrimógeno, creando el pánico. La gente está quemada por las llamas, ahogada por el gas, no pueden ver lo que tienen delante y empiezan a pisarse los unos a los otros mientras van cayendo por la escalera. Alguna gente se desmaya, otros son pisados sobre la sangre. A pesar de todo esto la policía no se va. Golpean a cualquiera que se les pone a tiro con sus porras, gente que está corriendo para salvarse pisando a otros.

Lo que sigue es bien conocido. Más allá de la acción de los policías provocadores, la cual ha sido grabada en video y en fotografías que ya han visto la luz y que seguirán haciéndolo durante los próximos días, más allá también de la acción de los manifestantes problemáticos que yo desprecio y contra los que me muestro en total desacuerdo, es ahora fácil que una piedra sea lanzada desde la mano de cualquiera, cualquiera que haya sido golpeado, gaseado, que esté desempleado, sin techo—si, ahora hay nuevos sin techo— y cualquiera que cada día se vuelva más pobre sin ver una salida por ningún lado.

No voy a ocultaros que tuve miedo viendo una violencia sin precedentes frente a mis ojos. Sentí el mismo miedo que he sentido en las regiones más duras del planeta. Sentí el miedo a la muerte. Como pensé que era mi imaginación o que era a causa de que no estoy acostumbrado a trabajar en Grecia—no he trabajado aquí desde el año 2000—pregunté a mis viejos colegas si alguna vez habían vivido algo parecido aquí. Respondieron que nunca habían visto algo así.

Por tanto, como una persona racional, me gustaría que el Ministro de “Protección Ciudadana” (lo pongo entre comillas porque me recuerda al Ministerio del Amor en 1984 de George Orwell) respondiese a las siguientes preguntas:

  1. ¿Quién dio la orden para el ataque general a las 13:30 y por qué lo hizo? ¿De quién fue la idea de ordenar a la policía perseguir y atrapar a una masa en pánico pisándose los unos a los otros en las escaleras, tirar granadas de aturdimiento y luz y gas lacrimógeno, golpear indiscriminadamente y asumir un riesgo de 50/50 probabilidades de que alguien hubiese dado su última bocanada de aire en la plaza?
  2. ¿Por qué la policía no respetó el centro médico de la Plaza de Syntagma? Doctores profesionales, especialistas en enfermedades pulmonares y otros, todos ellos voluntarios, estaban tratando a aquellos heridos durante los ataques. No eran “encapuchados”, eran médicos. Gritaron a la policía “esto es un centro médico” pero la policía no les hizo caso. De manera fanática, la policía les tiro gas lacrimógeno y les golpeó. Como nos dijo un doctor “Estas cosas ni siquiera pasan en la guerra. Incluso en la guerra hay treguas para que los heridos puedan ser recogidos y atendidos”. Los médicos recogieron todo a toda prisa y trasladaron el centro médico a la estación de metro, pero no consiguieron escapar a los productos químicos que también fueron lanzados dentro de la estación.
  3. ¿Por qué fueron los profesores de la Federación Griega de Profesores golpeados? ¿Eran también “encapuchados”? No lo creo. Después de que la policía tirase gas lacrimógeno a las puertas de su sede en el numero 15 de la calle Xenofondos, la policía les tiró piedras (!) y golpeó a los profesores en la cabeza usando sus porras del revés, con el mango, según sus testimonios. Tres resultaron heridos: uno con las costillas rotas, otro con heridas en la cabeza y otro con heridas leves en el brazo. Los profesores dijeron: “Cuando una sociedad maltrata a sus profesores, no puede caer más bajo”
  4. ¿Cuál era la lógica detrás de que la policía usase sprays químicos y golpease a la gente en las fruterías y restaurantes de souvlaki de Monastikari y Plaka, aterrorizando a los clientes y a los turistas?
  5. Y por último, algo personal para el señor Papoutsis: ¿Por qué me golpeó? No usted personalmente sino, en otras palabras, alguno de los hombres de su policía. Porque en cualquier caso yo no conozco al policía antidisturbios “anónimo”, pero a usted sí, y me gustaría de verdad una respuesta suya al respecto. La situación estaba relativamente calmada en ese momento, con mi cámara estaba grabando una patrulla antidisturbios que estaba yendo hacia el Parlamento cuando uno de ellos dejó su patrulla y vino hacia mi situándose en frente mía, bien pegado. Dejé de disparar y bajé la camara. Me miró a los ojos. Le pregunté que qué quería y su respuesta fue golpearme con su porra, para que pudiese tener un recuerdo de ese día. La gente empezó a gritar: “Ey, ¡¿estás pegando a Avgeropoulos?!”. Yo no supe reaccionar del todo y el se fue. De haber reaccionando estaríamos hablando en comisaría donde usted se estaría disculpando por el… “malentendido”.

Por cierto: En Oaxaca, cuando fui arrinconado junto con mi compañero cámara por la policía mejicana que, como dije antes, son considerados salvajes, desentrenados y corruptos, grité “Periodista” y no me hicieron nada. En mi propio país fui golpeado por primera vez.

Yorgos Avgeropoulos

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